Hace años que moran en la Bahia dos Ossos.
El agua les llega a las rodillas.
A diario reciben la visita de sus compañeras las gaviotas.
Posadas en sus hombros, ellas traen noticias sobre cardúmenes y tormentas cercanas.
De día son fotografiados por cientos de foráneos que descienden de esos raros edificios flotantes.
Incansables, indiferentes, continúan su labor.
De noche, algo más solitarios, recogen las redes y tiran de la cuerda del tiempo.
Intentan pescar y rescatar aquella paz y tranquilidad de la que gozaba Buzios, hace ya un tiempo.
Tal vez unos treinta años...
El agua les llega a las rodillas.
A diario reciben la visita de sus compañeras las gaviotas.
Posadas en sus hombros, ellas traen noticias sobre cardúmenes y tormentas cercanas.
De día son fotografiados por cientos de foráneos que descienden de esos raros edificios flotantes.
Incansables, indiferentes, continúan su labor.
De noche, algo más solitarios, recogen las redes y tiran de la cuerda del tiempo.
Intentan pescar y rescatar aquella paz y tranquilidad de la que gozaba Buzios, hace ya un tiempo.
Tal vez unos treinta años...

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